Bajo una luna tranquila de Sicilia vivía El jazmín que perfumaba los sueños. La tarde caminaba despacio, con olor a mar, flores y pequeñas luces en las ventanas.
Esa noche apareció una pequeña maravilla. El jazmín que perfumaba los sueños no corrió: miró, escuchó y dejó que la noche se explicara sola.
Con un gesto amable, El jazmín que perfumaba los sueños descubrió que dolcezza puede volverse más suave cuando se acoge con calma.
Antes de dormir, El jazmín que perfumaba los sueños guardó cerca este pequeño pensamiento: incluso una luz pequeña puede hacernos compañía.
Las estrellas parpadearon despacito, la casa quedó en silencio y el sueño llegó como una manta tibia.
Ritual de lectura: Leer despacio, dejando unos segundos de silencio entre una escena y otra.
